Profetizo mi sueño y el mundo advierte una tempestad
Sobre mis ojos vencidos, callados a la sombra de la noche,
Viajeros ululantes frente a la efímera repetición de las estrellas.
Luces invaden tu desnudez, voces de fantasmas trasmutan silencios
Y un insecto me roba las mieles de tu espalda.
Frágiles somos en las modorras necesarias, vulnerables a los caprichos
De las sábanas cálidas y una sucesión de eventos, inventa escapes al final
Impredecible de las visiones que flotan en los tejados fríos de la madrugada.
Presagios sin ecos, callados cantos de luces irrisorias, promesas de despertar
Sin los alientos necesarios para encontrarte, al final de las señales
y los desequilibrios en los rostros pregoneros de tu ceguera.
Así como los sueños nada es firme en las arenas. Coincidencias justas,
Antojos de natura materializados en las piedras, excepcionan pretextos,
Ruidos longevos, y tantos sueños despiertos de sal y brisa, de amores
Y desamores, de promesas y vigías, de corazones empañados en los misterios
Lejanos del Rey de las olas.
Presagios de ser orilla, marcar tus ojos en los filos de la almohada
Donde peso mis mejillas. Y allí mirarte lejos de las almas sin almas.
Rescatarte en los aplausos del amanecer que despacha para mi bien,
Nocturnidades incongruentes salpicadas de soledades en mis pupilas.
Gracias amanecer por dejarme saber
Que solo era un sueño y no otra cosa.
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